Noticia ampliada

Penalti en el Recre

24-11-2019 | Miguel Barroso

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Hay quien piensa que existió contacto pero no para que se de la situación de penalti.

Una jugada de 14 jornadas que acaba en penalti en el último suspiro. Un penalti que se puede convertir en el penalti más largo del mundo, como la película.

Si el penalti es a favor habrá aficionados que lo celebren y otros que estarán preocupados por el momento.

Habrá presidentes y consejeros, que se juegan mucho, alegres por el penalti a favor y los habrán preocupados por el momento en el que le llega, el penalti, en contra.

Habrá narradores eufóricos por la posibilidad de narrar un gol a favor tras la señalización del penalti y habrá narradores que estarán preocupados por poder encajar un gol en contra.

Habrá técnicos que den la orden de quien tirar el penalti y habrá entrenadores que estudien a los lanzadores para darle la información a su portero.

Habrá conversaciones entre aficionados comentando la jugada y cada uno elegiría a un lanzador y habrá comentarios sobre el portero que debe de salir al penalti señalado.

Habrá diálogos en los palcos, entre presidentes y consejeros. Hasta los presidentes y los consejeros dialogarán con quien, se supone, saben de fútbol, sus secretarios técnicos para deducir quien tira, como lo tira y donde lo tira. Sus peones de confianza deben de guiar a los presidentes y los consejeros.

En el campo todos hablarán, todos querrán sumar, todos. Entre los que deben de lanzar el penalti saben quien tiene que tirarlo.

Y llega la hora del lanzamiento.

El que lanza, solo el que lanza, decide lo que hacer con el balón. El que lanza es el jefe en ese mismo instante, es dueño de su decisión, es quien va a tomar la responsabilidad de elegir a qué lado hacerlo. El que lanza el penalti, es el más observado, el que tiene más presión, el que manda en ese momento y como es el que manda en ese momento hará lo que quiera pero nunca dejará de tirar el penalti.

El lanzador del penalti siempre tira el penalti aunque crea que no es el momento para él pero está claro que siempre lanza el penalti.

Con el balón en las manos para colocarlo en el punto fatídico, con las sensaciones propias de la tensión, con la responsabilidad del resultado, con la confianza de los que te dan los galones para ser el lanzador del penalti, con el ego de ser el jefe en ese momento, hay que ser muy cobarde para echarte a un lado y no lanzar el penalti.

Hay quien piensa que existió contacto pero no para que se de la situación de penalti.

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